martes, 11 de agosto de 2009


Horizontes: cuadro de Francisco Cano.
En el video del Valle de Aburrá, se muestra lo Bello de Medellín, la capital del departamento de Antioquia en la Rèpública de Colombia y los municipios que conforman el Área Metropolitana; nuestra tacita de plata, es bella, acogedora, en una palabra: es todo un ensueño.
En los recuerdos de mi infancia, quedan por siempre en mi memoria el amor que nos infundieron: Padres, maestros y todos los familiares, al amor que debíamos tener a nuestro terruño. Se nos hablaba de hombres ilustres nacidos en estas montañas, que son nuestro orgullo, se nos decía, que era como nuestra segunda madre y así, la aprendimos a amar. Cantar su himno nos llenaba de recogimiento.
Un antioqueño es un ser singular. Hecho para el trabajo, los negocios, el comercio, para amar la familia y sobre todo a la madre, que es su ser más grande entre todas las cosas del mundo. No hay paisa que no quiera ser rico y para ello, hace lo que sea. Bebedor de aguardiente, poeta, exagerado, amante de dichos y refranes, mamador de gallo y le encanta la música, se va detrás de un tiple hasta donde sea.
Del antioqueño y su comportamiento, han hablado y escrito personajes de la talla de Antonio José Restrepo (Ñito), Manuel Uribe Ángel, Tomás Carrasquilla, Efe Gómez y tantos otros, que no acabaríamos núnca.
El antioqueño, ama su carriel, cómo a su propia vida. Sin él se siente desprotegido; en el guarda de todo: dados, naipes, barbera, carta y cachumbos de la novia, tabacos, yesquero, ilusiones y el alma.
Un paisa, te saluda y de inmediato te brinda su amistad; si le preguntas una dirección, es capaz de llevarte hasta el sitio. No le pueden faltar los frisoles, la mazamorra y su arepita, si después de lo leído, lo quieres conocer, ven, ésta es tu casa, pasa, están las puertas abiertas.

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